Psicología. Terapia.Constelaciones familiares. "Un día es una pequeña vida" Horacio. "Quien puede cambiar sus pensamientos puede cambiar su destino" Stephen Crane. "La experiencia no es lo que te sucede sino lo que haces con lo que te sucede" Aldous Huxley. "Estar en paz consigo mismo es el medio más seguro de comenzar a estarlo con los demás" Fray Luis de León.Deja tus comentarios. Propón un tema.

lunes 9 de enero de 2012

CUMBRES BORRASCOSAS




Por: Pilar Alberdi

«Vuestro dolor es la ruptura de la celda que encierra vuestra comprensión» Khalil Gibran


Creo que nunca faltarán cumbres borrascosas, riscos que debamos ascender con dificultad, etapas más o menos difíciles.

Hace un tiempo releyendo Cumbres Borrascosas, la obra de Emily Brönte, volví a descubrir esa sabiduría popular que tanta gala hace del conocimiento psicológico de las personas. Cuando se le comunica al médico la enfermedad en la que se ha sumido la joven Catherine, razón por la que se le ha ido a buscar, el especialista pregunta qué ha pasado en la casa, porque es consciente de que ese tipo de personas no se enferma sin un motivo. Evidentemente, el ama de llaves, no le contará lo que sucede bajo el techo de sus señores. Si lo hiciera, perdería su protección.

Creo que parte de esa sabiduría, no ya la de que la enfermedad tiene sus motivos, sino la de que para los más pobres era casi imposible pagar el costo económico que suponía un médico, así fuese que tuviesen que darle en pago una gallina, mucha gente se preparaba mentalmente para no enfermar.En el caso de Cumbres Borrascosas, y en el momento que aparece la enfermedad, Catherine tiene una vida holgada, pero psicológicamente difícil porque ella misma no comprende su deseo. Está casada, pero ama a otro hombre.

Y pensaba yo en todo esto a raíz de la «autocompasión» que es uno de esos enemigos letales que pocas veces vemos llegar. Tan de puntillas camina... Y también pensaba en la «depresión», esa palabra que sirve de comodín a tantos problemas, porque es un hecho que las personas acuden a médicos, psiquiatras o psicólogos anunciando que tienen una depresión, antes de que alguien se las diagnostique. Y es que, a veces, tener un diagnóstico y una medicación nos salva de tener que asumir otros hechos. De algún modo, se nos ha hecho creer que tenemos derecho a la felicidad y que vamos a ser felices. No es así. La felicidad es lo que queda después de ser capaces de comprender, es el acomodo, el bastón que nos acompaña paso a paso para seguir adelante.

Resumiendo, tememos el dolor psicológico, aquel que nos desmorona por dentro, y que surge tras la comprensión de unos hechos, circunstancias o sentimientos determinados.

«Vuestro dolor es la ruptura de la celda que encierra vuestra comprensión», dijo Khalil Gibran, un poeta excepcional, y un hombre sabio. Y es esa comprensión, pese al dolor que nos provoca, la que puede mantenernos en el camino de la salud.

lunes 12 de diciembre de 2011

EL ARTE DE VIVIR



Por Pilar Alberdi

«El optimista cree en los demás y el pesimista sólo cree en sí mismo» Gilbert Keith Chesterton


Tengo en casa más de un libro que se títula El arte de vivir. Y todos intentan lo mismo, y lo hacen bien: ayudarnos.
Me remitiré en este caso a una selección de artículos del Reader's Digest publicados en uno de estos volúmenes.
Y en especial, tomaré el artículo de Stuart Kinzie titulado El sentido de la oportunidad.
El autor, según mi forma de entender su artículo, nos propone que tomemos en cuenta las siguientes ideas:
1.Tener en cuenta el sentido de la oportunidad.
2.Los estados emocionales negativos destruyen el sentido de la oportunidad.
3.Aguzar nuestro sentido de la anticipación.
4.Tener paciencia.
5.Huir de nosotros mismos. Ya que una persona ve las cosas desde un único punto de vista.

Creo que deberíamos tenerlas en cuenta.

lunes 14 de noviembre de 2011

EL "EFECTO ESPECTADOR"



Por: Pilar Alberdi

Esta denominación surgió tras un caso en el que una mujer de nombre Kitty Genovese fue apuñalada en Estados Unidos con el conocimiento de varios sujetos y sin que esto interviniesen. Desde luego que sucesos como este ocurren desde el principio de la humanidad, pero fue en 1968 cuando John Darley y Bibb Latoné intentaron estudiar en un laboratorio y de una manera científica este tipo de hechos.

Al margen del experimento antes citado, se han hecho varios más, que han corroborado, una y otra vez, el resultado. Si a varios sujetos se los somete a una autoridad que impone su criterio, difícilmente, alguien se sustraerá a tal influencia, incluso momentánea. De estos estudios se deduce que en caso de una emergencia en el que exista un grupo de personas que debería rebelarse inmediatamente ante un caso de acoso o agresión, la víctima o cualquiera que esté presente y se de cuenta de ello, debe buscar ayuda y apelar a otra persona, nunca al grupo. También es necesario recordar aquí que tras la formación de un grupo de manera circunstancial el primero que tome la palabra puede conducir la conducta del conjunto.

De esta manera se comprende por qué existe el acoso a los compañeros, ya sea en el colegio, en el trabajo o en cualquier situación en que se forman grupos de manera permanente o circunstancial. En esa situación, alguien o varias personas con una cuota de poder, y con varios sujetos que les secunden perjudican a otro u otros individuos.
Trasladado este estigma social que, no es ajeno al ámbito familiar, vemos que es esto, precisamente, lo que sucede en las dictaduras y las guerras donde el poder y la responsabilidad apelan a la “obediencia debida”, el “cumplimento de la ley”, el “deber patriótico”, “la lealtad a la clase social, la religión o el grupo al que se pertenece”.

Pero ¿cuáles son las razones? Decía William Saroyan que “el mundo está lleno de criaturas asustadas. Y como están asustadas, se asustan entre ellas”. ¿Y qué les asusta? El poder. Sin duda, son las personas más asustadas, las más necesitadas de cariño, las más débiles porque para imponerse necesitan de la ayuda de varios sujetos más, las que acaso han sufrido en su niñez un poder despótico, malos tratos o una cruel indiferencia, las que se dedican a actuar de esta manera.

Por suerte, para el bien de la humanidad, no faltarán personas que sepan situarse siempre al otro lado de esa penosa frontera.

jueves 6 de octubre de 2011

¿EL EGOÍSMO SE CURA?



Por: Pilar Alberdi

Vista así, la frase es divertida. Lacan opinaba que somos lo que somos por como fuimos tratados, especialmente al comienzo de nuestra vida. Lo que se conoce como la «teoría del espejo». Si nos sonrieron, sonreímos. Y si nadie nos hizo caso, no lo haremos.
Pero ¿el egoísmo se cura?
Hombre, tanto como curarse... Parece que todavía no hay pastilla que lo consiga. Además si se curase no daría lugar a tanta frase ingeniosa. Escuchen: esta es de Jean Cocteau (1889-1963) «Un egoísta es aquel que se empeña en hablarte de sí mismo cuando tú te estás muriendo de ganas de hablarle de ti».
Yo creo que entiendo mejor el egoísmo desde que tengo cerca una persona que lo entiende. Pero esto de entender el egoísmo es como lo de entender las matemáticas... Se olvida, así que cada cierto tiempo le pido a esta persona que me recuerde el cuento que le contaba su abuela.
Dice así:
Dos hermanos estaban sentados a la mesa para desayunar.
La madre llega y coloca dos tazones de café con leche con sopas para cada niño.
Entonces el niño dice: —¿Para mí son estas soperritiñas?
Y la madre responde: —No, son para tu hermana.
A lo que el niño contesta:—¿Para mi hermana son esas soperritonas?
Así vemos como para el egoísta lo que tiene nunca es suficiente, y lo mismo, pero en manos de otro, le parece el doble.
Que el cuento se puede contar de otra manera... Pues sí.
Entonces la niña dice: —¿Para mí son estas soperritiñas?
Y la madre responde: —No, son para tu hermano.
A lo que la niña contesta:—¿Para mi hermano son esas soperritonas?
Desde luego, las variaciones pueden llegar a ser infinitas... Sólo hace falta cambiar los personajes.

domingo 25 de septiembre de 2011

¿MOLESTIAS DICE USTED?



Por: Pilar Alberdi

"¿Molestias dice usted? ¿Molestias? Y comenzó a enumerar un espantoso catálogo de todas las enfermedades que yo le había causado". Así lo cuenta Pip, el niño protagonista de la obra "Grandes Esperanzas" de Charles Dickens, refiriéndose a su hermana a cuyo cargo está. No se puede negar a este autor su preocupación, justificada en su propia biografía por el sufrimiento de los niños en una época en que mucha gente pasaba hambre y estaba falta de ropa y casa.
Lo curioso de esta obra es que la violencia más grave la ejerce la hermana de Pip contra el niño, pero también contra su esposo. Él joven esposo se doblega, no en vano a él también le pegaba su padre, y acaso sea esa, la única forma de relación que conoce.Sin embargo, el niño, más sabio que cualquiera de los adultos que lo rodean comprende que si el marido de su hermana fuese más listo y se rebelase otra sería su vida.Como el adulto que sufre la violencia no se defiende, el niño tampoco puede hacerlo y cede, acepta lo que le imponen y calla a cambio de que las cosas no empeoren y, acaso, con el deseo de sentirse querido o protegido de algún modo.
En este sentido, la frase que pone el autor en boca del niño, le hace decir: "Desde aquel momento pensé con frecuencia qué pocos son los que saben hasta qué punto un niño puede ser reservado y cauteloso cuando el terror lo domina".

martes 6 de septiembre de 2011

Cumplir 50 años




¿Y por qué no escribir sobre cumplir 30, 40 o 65 años? Por supuesto que sí, pero eso será otro día. Y aún así, me atrevería a decir que cualquier edad contiene ya la que vendrá y la que fue. Y esta, la de los 50 es, además, la de cambios corporales y psicológicos importantes. En este sentido me atrevería a compararla con el proceso de cambio sufrido en la adolescencia pero en sentido contrario. Si antes la pulsión sexual y el crecimiento del cuerpo nos sorprendía, ahora es al revés, y también nos sorprende.

Sin duda, ver pasar la edad es como ver pasar los vagones del tren del tiempo. Supongo que habrá una diferencia entre sentirse dentro del tren o mirarlo desde fuera. Me inclino a pensar que ambos modos de ver son necesarios y complementarios.

Pero viene a cuento este tema porque releyendo unos libros de literatura encontré algunas frases e ideas interesantes de dos escritoras a las que siempre vuelvo con placer, una es Virginia Wolff y la otra Colette.

Nos asusta la edad. Pero ¿es la edad lo que nos asusta o son esos cambios para los que no nos sentimos preparadas?

En La señora Dolloway, la escritora Virginia Wolff hace decir a la protagonista, que aunque es una terrible confesión «a los cincuenta y tres años, apenas si tenía ya necesidad de nadie».

En el libro Los zarcillos de la vid, Colette explica las inseguridades de las mujeres de treinta años, de cuarenta, y aunque está hablando de maquillaje, dice que nunca ha encontrado una mujer de cincuenta años «que estuviera falta de valor».

Y hay mucho de verdad. La mujer de 50 tiene su vida hecha. Y la que supo envejecer, acaba de hacer su entrada en la madurez, y asume lo que hay. Por tanto, es el momento de replantearse metas, de buscar objetivos nuevos (estudios, trabajo, familia...), de realizar viejos proyectos que se dejaron aparcados para cumplir con otras obligaciones. Y, en este sentido, como en muchos otros, las mujeres de 50 o más años tienen mucho que aportar a la sociedad Por eso, si estás en esa edad, habla con otras mujeres que estén en la misma situación o que ya hayan pasado por ella. Creo que no habrá nadie que pueda comprenderte mejor. Y cada una te aportará su manera de enfrentar ese momento.

sábado 20 de agosto de 2011

PADRES DE NUESTROS PADRES




Foto y textos: Pilar Alberdi


¿Qué sitio ocupas en la familia? Por ejemplo, eres hija o hijo pero te encuentras ocupando el lugar del padre o de la madre. Si es así no estás en el lugar correcto.
En parejas en las que los padres están separados y las madres se quedan con los hijos, muchas veces sucede que toman a uno de los hijos o hijas como apoyo. Para estos hijos esa posición, que generalmente asumen en favor de la familia, no es fácil. Se les entrega una responsabilidad que no les pertenece y crea a la larga roces con los demás hermanos.
A veces, no es un único descendiente quien hace este papel o toma este peso sobre sus hombros, sino que varios van tomándolo a medida que pasan los años.
No es raro que estos hijos e hijas se queden solteros o que si forman pareja la familia de origen siga ocupando un lugar importantísimo en sus vidas, en las que no faltan las constantes llamadas teléfonicas de una madre poniendo al tanto de lo que sucede. Pero ese tipo de conversaciones deberían ser las propias de una madre y un padre que velan por el buen camino que han de seguir sus hijos, por orientarlos. Todos los padres tienen este tipo de charlas, estas preocupaciones. Por eso, el lugar de una madre o de un padre no es el lugar que un hijo debería ocupar, al contrario, debería tener libre el camino de su vida para mirar hacia adelante.
Muchas veces cuando los padres están separados o divorciados, los hijos, además de convertirse en apoyo en un momento dado de uno de los padres o de los dos, se convierten en “padres de sus propios padres”. De repente la hija o hijo descubre que sus padres no son lo suficientemente responsables o maduros, o que están estancados en sentimientos de odio, en reproches y repartos de culpas que no benefician a nadie. En estos casos, los hijos se ven en la obligación moral de mirar por sus progenitores, por los dos, si los dos están presentes, o por el que está presente y el que está ausente, o acaso sólo lo hagan por uno de ellos por estar influenciados por las opiniones del otro. (Además se suman a estos problemas las nuevas parejas de los padres, nuevos hijos o hijos de las nuevas parejas). Un hijo en el fondo de su corazón nunca aceptará que se niegue a uno de sus padres, sea el que sea, nunca podrá aceptar que porta algo malo en sí mismo por ser descendiente de aquél. Algo tan sencillo parece que es difícil de comprender.
No es extraño escuchar de una madre o de un padre decir de uno de sus hijos con reproche: «Igualito que su madre» o «Igualito que su padre». Aunque las parejas que se forman no son de la misma sangre, el hijo sí, y hay que entender los profundos sentimientos y lazos que esto conlleva. Quizá, antes de que los padres digan frases como las anteriores deberían reflexionar sobre la razón que les indujo a elegir una pareja como la que ahora desprecian, porque es muy posible que la siguiente que elijan sea similar.
Es a los hijos a quienes corresponde decidir cuál es la distancia correcta a la que se deben poner en situaciones como las que acabo de señalar para seguir siendo sólo hijos, pero antes deberán darse cuenta de la situación en que se encuentran.
Si en la anterior entrada dejaba la pregunta: ¿alguien está viviendo tu vida? Hoy dejo la pregunta: ¿qué lugar has ocupado o ocupas en tu familia? ¿Estás en el lugar que te corresponde?



lunes 8 de agosto de 2011

¿QUIÉN ESTÁ VIVIENDO TU VIDA?


Por: Pilar Alberdi

«Una persona que vive en el “falso yo” no tiene ni idea del daño que se está haciendo» Vernon Howard.


Seguro que alguna vez has sentido esta sensación de no estar viviendo tu vida.

¿En qué circunstancias lo has sentido? ¿Cuándo eras un niño, un adolescente…? ¿En tu trabajo? ¿Con tu pareja, tu familia, tu grupo de amigos…? ¿Cuándo más?

Siempre me ha sorprendido que a tanta gente le guste disfrazarse. ¿No habrá en ese deseo de disfrazarnos un deseo de vivir otras vidas?

También vivimos otras vidas cuando leemos, cuando vemos una película, cuando observamos a los demás. Por supuesto, también cuando imaginamos historias.
Escuchar cuentos, leer novelas, ver películas, acudir al teatro… La participación en estos actos nos da experiencias de vida a las que, quizá, nunca accederíamos de otro modo, y nos permiten comprobar que otros tienen vidas similares o muy diferentes a las nuestras.

Vernon Howard (1918-1992) nos dejó esa pregunta. Y es tan vigente hoy como cuando la dijo.
“¿Quién está viviendo tu vida? “ ¿Lo sabes?

martes 19 de julio de 2011

EL CHIVO EXPIATORIO



Por: Pilar Alberdi

Encuentro con la sombra es el título de un interesante libro que leí hace ya unos cuantos años.
Las personas como la luna vista desde la tierra, tenemos nuestro lado oscuro como diría Jung. Incluso estamos sumamente capacitados para ver los defectos ajenos, mientras que esos mismos defectos seríamos incapaces de encontrarlos en nosotros.
Pero no son sólo los individuos los que tienen su lado oscuro, su lado en sombra, también los tienen las familias. ¿Han visto ustedes esas familias que atrapadas en las redes que ellos mismos, o alguien en concreto de la familia ha tejido, y cuya lucha y muerte los demás miramos asombrados?
Y no sólo lo tienen las familias, sino las instituciones, los países... En fin, todo aquello que reúna en su seno individuos y grupos.
Aquel libro, Encuentro con la sombra, hablaba de muchos temas, desde varias perspectivas, pero dentro de una línea que denominaríamos jungueana. Yo traeré ahora uno de las cuestiones que se comentaba en la segunda parte de este libro, y que es lo que habitualmente conocemos como el «chivo expiatorio» o incluso, la «oveja negra», aquel que carga o a quien se hace cargar con los temas emocionales inconscientes de la familia. En terapia se denomina a esta persona como la «portadora del síntoma familiar» o como el «paciente identificado». De hecho,lo habitual es que sea la familia quien lo señale.
Generalmente son las personas sensibles a la «sombra familiar» las que lo portan. No importa que para esto tengan que quedarse delgadas como un hilo, atiborrarse de comida hasta explotar, drogarse hasta lograr no ver la vida, escaparse al bar para emborracharse, convertirse en ludópatas, intentar suicidarse... Es como si asumiesen lo que hay oculto en la familia y también el sentimiento de culpa. Son tan fieles al sistema familiar en el que viven, como se diría en Constelaciones Familiares, que con su problema ayudan a mantener la cohesión del grupo. O si se prefiere decir de otra manera: ayudan a mantener la mentira o la ocultación con respecto a un tema grave que afecta a uno o a más miembros de la familia o a todos ellos.
Desde luego son personas que resultan molestas al sistema familiar, tan molestas como al sistema le es molesta su propia sombra (la verdad que se desea ocultar).
¿Y qué papel hacen los chivos expiatorios? Se pueden hacer muchos. Voy a poner un par de ejemplos. Cuando la madre niega que la hija ha sido abusada por el padre u otro pariente la chica puede acabar como «chivo expiatorio» al que se da el nombre de «puta», «histérica», «rebelde», etc. ¿Qué mejor forma de negar lo evidente? Es probable que se la expulse de la familia o que otros varones de la familia se sumen al abuso.
Cuando a alguien se le exige que sea un triunfador es probable que fracase a cambio de no ser más que sus hermanos.
Cuando una madre superprotectora separada o divorciada de su pareja no deja a su hijo varón que tenga sus propias opiniones y no propicia que se independice, y en todo momento le habla mal del padre ausente, este muchacho puede acabar en el papel de «chivo expiatorio» igual a «drogadicto»...
Y no son todos los casos iguales, por supuesto.
Pero una cosa si hay cierta: no siempre los «chivos expiatorios» se dan cuenta de que han sido sacrificados en el altar familiar o de que están a punto de serlo. Cuando se dan cuenta, ya es difícil salir del problema, pero no imposible. Ciertamente los ejemplos son muchos., los casos distintos.Y es verdad que se puede tratar a una persona desde el tema de la droga, pero nadie ha llegado ahí porque sí, en el tema de la droga hay una renuncia a ser, a opinar, a valerse por sí mismo, y no suele faltar el desprecio inducido a uno de los progenitores o a ambos. Y es verdad que se pueden tratar las consecuencias del «abuso sexual» pero será más difícil hacerlo para la víctima, si no se puede comentar allí, en donde ocurrió. Si lo pensamos bien, en donde falta la verdad surge la ocultación y con ella, casi siempre, el terrible camino del sometimiento, el malestar, la enfermedad, y en muchos casos la muerte.

viernes 17 de junio de 2011

LOS CHICOS ESTAN BIEN



Por: Pilar Alberdi

Tenía pendiente de ver la película Los chicos están bien (2010). La vi este fin de semana, así que aprovecho y la resumo: una pareja de lesbianas ha recurrido a los servicios de una clínica para conseguir un donante de esperma. Cada una de ellas ha tenido un hijo fruto del anónimo donante.
Un dato importante, esa clínica, conserva el derecho para los niños nacidos por este procedimiento, del acceso a los datos de su progenitor, a partir de que estos cumplan 18 años.
Este tipo de datos, en general y lamentablemente, no se suelen facilitar. Digo, lamentablemente, porque los hijos siempre quieren saber cuál es su origen.
La película comienza con un donante ausente.
Los hijos son un muchacho que ya cuenta quince años y una jovencita de dieciocho que está a punto de irse a estudiar a la universidad.
A instancias del chico, la hermana solicita a la clínica ponerse en contacto con el padre, lo que consigue.
Con la llegada del donante a la vida de estas personas, llegan los problemas. Por una parte, las madres tienen que reconocer su presencia. Ya no está oculto, y por otra, el trastorno que ello les causa. Crisis en la familia que ellas habían establecido. Los chicos adoran al padre, y por si fuera poco, una de las dos mujeres comienza a sentirse a gusto en la compañía de este hombre, y acaba manteniendo relaciones sexuales con él.
¿Y cómo termina la historia?, se preguntarán aquellos que no vieron la película... La respuesta es simple: con el donante, otra vez, ausente, aunque no por su voluntad.
Es verdad se ha dado un paso, por iniciativa propia, los chicos lo han conocido. Ya saben quien esta en lo otra orilla de su nacimiento. Allí ya no hay oscuridad. Ya no hay un eco absurdo repitiendo sus preguntas... Sin embargo la crisis no ha hecho más que empezar.
La mujer que no ha mantenido relaciones con el donante, lo increpa, diciéndole: «Esta es mi familia. Si quieres una familia, búscatela fuera». ¿Qué ironía, verdad? Ellas no podrían tener esa familia sin ese donante. Quizá, las palabras que he escrito, una a una, no son las mismas, pero el sentido de lo que le dice sí.
La película, dirigida por Lisa Cholodenko, plantea varios temas importantes: la mujer que ha tenido relaciones con el hombre es censurada por su pareja, los hijos y por ella misma; pero no por haber concebido un hijo con el esperma del donante, sino por haber llegado a enamorarse y tener relaciones con él.
Supongo, que si pudiésemos ver la continuación de esta historia, sabríamos que los hijos seguirán haciendo la forma de ver a ese padre. Han sentido que había puntos de coincidencia, gestos en los que se parecían, afinidades.
Pero termina como termina: otra vez con el donante ausente.
En la teoría de Constelaciones Familiares se dice claramente, y siempre pienso que es uno de sus mayores aciertos: no puede haber negados, ni olvidados en la familia, y este donante es parte de esa familia, reconocerlo, es reconocer el derecho de los hijos a saber quiénes son. (Lógicamente, estaríamos en presencia de casos similares con las donantes de óvulos).

martes 7 de junio de 2011

CONSULTA PSICOLOGÍA


Si hay algo que te preocupe, un tema que desees conversar, recuerda que puedes escribirme. Recogeré tu pregunta y la redactaré de tal modo que la respuesta pueda servir a otras personas también.

Y recuerda:


"El tiempo no altera los hechos. Lo único que hace es presentarlos de nuevo bajo un aspecto diferente". Agatha Christie.

"La enfermedad suele ser un vacío de amor en la vida de las personas, que se traduce en una disarmonía psicosomática". Miguel Escudero.


"El hombre superior ama su alma; el hombre inferior ama su propiedad". Ling Yutang

"La diferencia entre paisaje y paisaje es poca, pero hay una gran diferencia entre los que lo miran". Ralph E. Emerson.

"Importa más lo que tú pienses de ti mismo, que lo que otros opinen de ti". Séneca.

"No odiar, no envidiar, no despreciar". Marco Aurelio.

"La mayoría de las personas viven una vida de callada desesperación". Thoreau.

"Cuando la lucha de un hombre comienza dentro de sí, ese hombre vale algo" Robert Browning

lunes 30 de mayo de 2011

VIENTRES DE ALQUILER



Por: Pilar Alberdi

Para quienes el concepto de las palabras «vientre de alquiler» les suene raro, les comento que cuando una palabra niega por definición lo que intenta explicar, estamos ante lo que se ha dado en definir como un «eufemismo». Les pongo un par de ejemplos sencillos: se llama «internos» a los presos; «correccionales» a las prisiones; «hacer el amor» a copular;« rellenita» a gorda; «maduro» a viejo. En el período nazi, se llamó «campos de trabajo» a los «campos de exterminio», «instalación de baños» a las «cámaras de gas», «solución final» a la muerte programada de personas. La lista sería interminable, y si hacemos una búsqueda nos asombraría lo que encontraríamos.
De ahí que cuando se habla de «planificación familiar» o de «paternidad responsable» en las propagandas de las campañas de esterilización se evite el concepto de «control de la natalidad».
Por eso se llama «vientre de alquiler» a la mujer a la que se le paga por tener un hijo con o sin el aporte de sus óvulos. Como ven, no se habla de mujer, ni de madre, ni siquiera de hembra reproductora. Ni siquiera de «vientre reproductor» sino de «vientre de alquiler» con lo que se evita, incluso, citar el tema de la reproducción. Sí he visto utilizar el término «madre subrogada». Término que los ciudadanos conocemos por aquello de que cuando compramos una vivienda que ya tiene una hipoteca, podemos subrogarla a nuestro favor, haciéndonos cargo del pago porque las condiciones en que fue contratada convienen a nuestro interés. Pero aún así, si lo pensamos lo único que dice el término «madre subrogada» es que una mujer toma una obligación que pertenece a otra. O así lo entiendo.
Únicamente en los artículos críticos,se habla de «madres de remplazo» o de «madres sustitutas». Alguien que ofrece su «vientre en alquiler» es una mujer que cobra una cantidad de dinero por gestar y parir un hijo de personas que están en mejores condiciones económicas que ella.Evidentemente, no hay «vientres en alquiler» de mujeres ricas para mujeres pobres.
Parece que California es en Estados Unidos de Norteamérica, el paraíso del «alquiler de vientres», pero dado sus altos costes (120.000 euros o más), hace tiempo ya, que países como India y Ucrania se han sumado al negocio. En España, de momento, está prohibido.
He llegado a leer que la mayoría de los «vientres de alquiler» en USA son mujeres «no white» (no blancas), y que lo que cobran supone el equivalente a varios años de trabajo, que les sirve para solucionar su vida y la de su familia. Pero, en realidad, sólo cobran el 20% del precio total.
La lista de famosos y ricos que han hecho uso de este tipo de «alquiler» lleva nombres como Sharon Stone, Sarah Jessica Parker, Elton John, Michel Jackson, Ricky Martin, Cristiano Ronaldo, Tita Cervera, Nicole Kidman, Miguel Bose,
Entre las preguntas que me ha provocado el tema, al margen de lo que se dirá o se ocultará después a estos hijos sobre las circunstancias que hubo en su nacimiento, pues puede haber una mujer que ponga su cuerpo para la reproducción, otra que aporte sus óvulos, el esperma del hombre de la pareja que desea hijos, o incluso un esperma de donación, en fin, las variaciones son muchas, por eso dejo el tema para otra ocasión, pero la pregunta que me formulo es la siguiente: todas las actrices que pagan un «vientre de alquiler» son estériles o simplemente si el bebé lo tiene otra mujer, ¿el cuerpo no se les estropea, es más cómodo, no arriesgan su vida, y pueden seguir trabajando? ¿Se convertirá esto en una práctica habitual para las mujeres que pueden pagarlo? ¿Esta práctica se extenderá a otros sectores de la población con menos recursos?
Pero mientras esto sucede en una punta del extraño eje de la procreación, en el otro avanzan, las campañas de esterilización en los países latinoamericanos y asiáticos, generalmente a través de agencias norteamericanas, con fondos económicos de la OMS (Organización mundial de la salud) y el acuerdo de los gobiernos involucrados. ¿Sabían ustedes que en Brasil, más del 40% de las mujeres en edad fértil están esterilizadas? ¿Y que en algunos países, las empresas piden a las mujeres antes de contratarlas certificados de esterilización y/o de embarazo, especialmente cuando estas mujeres cuentan con un mayor nivel educativo? Les dejo al pie de este artículo un par de enlaces que hablan del tema.
En Perú, a cambio de la esterilización, se les ofrecía a las personas más desfavorecidas, entre ellas a los indígenas, sacos de arroz o de otro tipo de comida; y en la India, artefactos eléctricos. Y en estos sitios y en otros, ha imperado la coacción. Y esto, sin hablar de las terribles condiciones del control de nacimientos en China, en donde las parejas tenían que acudir a las autoridades a pedir un permiso para tener un hijo, y las que quedasen esperando un hijo sin permiso eran obligadas a abortar. Y sin citar aquí las campañas de esterilización obligatoria e incluso de eutanasia (nazismo) del siglo XX que afectaron a cientos de miles de individuos (epilépticos, albinos, ciegos, sordos, deformes físicamente, bipolares,homosexuales, etc) en USA y en Europa.
Pero volvamos al tema de las esterilizaciones de bajo coste o gratuitas en Latinoamérica y Asia, aunque se pudiera decir que nadie fue coaccionado, que no es el caso, la pobreza, en que vive gran parte de la población afectada por estas campañas ya es la primera violación de derechos y violencia extrema. ¿Alguien que tiene una buena posición económica aceptaría esterilizarse o alquilar su vientre, poniendo en ambos casos, su vida en peligro ¿Querría vender un riñon o un pulmón como hemos visto alguna vez? Al parecer el tráfico de órganos existe; la clonación está ahí;el hombre ciborg también... Pero centrándonos en el tema: ¿quién permite a las empresas pedir certificados de esterilización? Si seguimos por este camino, la pregunta no es ya, qué va a ser del futuro de la humanidad, sino ¿qué va a ser del futuro de la mujer? ¿Habrá una legión de paridoras frente a otras que no lo harán jamás? Y cuando llegue esa máquina que lo haga sin necesidad de mujeres...



A tres de cada diez mujeres les exigen prueba de embarazo como requisito laboral. (Colombia)

Contratan sólo mujeres estériles (Chile)

domingo 22 de mayo de 2011

ACEPTAR LO QUE ES




Por: Pilar Alberdi

Desde que tengo nietos juego. Antes lo hacía con los hijos. Con ellos volvemos a nuestra niñez.
Si miramos atrás, vemos que aprendimos a ganar y perder con los juegos. Por ejemplo, con juegos de mesa como el parchis, el juego de la oca, a los naipes... Con otros cuya práctica requiere espacios mayores como la rayuela, la comba, la gallina ciega, ladrones y policias. Con ellos también aprendimos a respetar turnos, y lo mismo sucedía cuando acudíamos a los parques. Si querías el columpio y estaba ocupado tenías que esperar; si muchos niños ascendían por el tobogán, lo mismo. Si ibas a la playa y querías jugar a la pelota debías buscar el lugar adecuado para no molestar a los demás. Uno disfruta cuando gana, pero aprende que perder es parte del juego.
Cuando hacía cursos de teatro, una profesora nos hacía rodar por el suelo. Nos pedía que gritásemos de un modo que normalmente jamás haríamos. Y como nos enseñaba la modulación de la voz nos explicaba también la maravillosa caja de resonancia en que se convierte la cavidad ósea que guarda nuestro cerebro. También nos daba unas sesiones de relajación estupendas. Pero sobre todo nos enseñó a volver a sentirnos como niños, a sentarnos en el suelo como si estuviéramos jugando con canicas, cochecitos o admirando hormigas y caracoles. Y de algún modo al hacernos vivir por un momento como niños, nos ayudó como adultos.
Ahora bien, si esta es la experiencia, es decir si sabemos que en el juego se gana y se pierde, se es el primero, el intermedio o el último, ¿por qué lo olvidamos luego? ¿Por qué deseamos que la vida sea siempre como nosotros queremos?
Hoy, por casualidad, leyendo a Unamuno, encontré una frase estupenda: «El que quiere todo lo que sucede, consigue que suceda cuanto quiere». Y aunque Unamuno hablaba de resignación yo prefiero la palabra aceptación.
¿Aceptación o resignación? Considero que son dos formas de estar en la vida. El que acepta siempre está en un proceso de conocimiento. Da por válido, después de asumirlo, lo que llega a su vida. Saca provecho ético y un aprendizaje humano. El que se resigna, simplemente, se conforma porque no hay mejor opción. Pero ese conformarse significa que esperará a la mano buena, la ganadora, sin comprender que todas lo son, que perder también es parte del juego.