martes, 6 de mayo de 2014

LA HISTORIA DE KATHRINE SWITZER




Solemos tener la extraña idea de que lo que hoy podemos hacer las mujeres viene de hace mucho tiempo y no es así, y no hay más que darse una vuelta por las noticias de los periódicos y comprenderemos cómo está el mundo en este sentido.

lunes, 31 de marzo de 2014

jueves, 28 de noviembre de 2013

Lealtades familiares


Por: Pilar Alberdi

Llegan las fiestas de Navidad y Año Nuevo. Es un tiempo en que las «lealtades familiares» tocan los corazones. Se piensa en quienes ya no están entre nosotros, y a quienes seguimos amando; en aquellas otras personas con las que convivimos a diario y cuya presencia en nuestra vida agradecemos; en aquellas otras, de las que nos hemos separado en alguna parte del camino; en las que desearíamos volver a ver; en las que esperamos que aparezcan, como por encanto, entre los regalos de Año Nuevo.
Tiempo de lealtades familiares, de esas que son también como cadenas, de las que llenan con pasión o desasociego nuestros recuerdos, de las que un solo pensamiento hacia ellas, nos alegra el día o lo llena de nubes de tormenta.
Tiempo para derramar alguna lágrima, pero también para renovarse y sanar heridas.
Mira en tu interior a qué personas estás atada/o por el daño que sentiste. Intenta ver aquello que puedan tener de positivo, búscalo, escríbelo en un papel, aunque te suponga un esfuerzo, seguro que algo te han dado, ya sea por ellas, o porque su enseñanza, lo que no debería hacerse, o la forma como no se debería ser, te sirvió para tu vida.
Hay lugar para la paz en tu corazón, para el equilibrio. A veces, todo consiste en tomar conciencia de cuántas cosas podemos agradecer, pese a todo o gracias a todo. A mí me gusta mucho hacer ese ejercicio: «Doy gracias por...» Todo es comenzar. De repente, encontramos tantísimas cosas para agradecer.
En el libro El centro se distingue por su levedad de Bert Hellinguer, en donde se recogen algunas de sus conferencias, y otros escritos, hay numerosos ejemplos de lealtades familiares, con una clara exposición de lo que son las «compensaciones». Pero de todas ellas, quisiera entresacar estas líneas porque creo que marca algunas de las cuestiones más terribles que se dan en la familia: «La conciencia nos vincula con el grupo importante para nuestra supervivencia, cualesquiera que sean las condiciones que este nos imponga. La conciencia no está por encima de este grupo, ni por encima de su creencia o superstición: está a su servicio». Se refiere a distintos grupos, podemos entenderlo como culturales, políticos, etc., pero también a la familia, a la que el texto remite finalmente. De ahí, muchas equivocaciones, muchas fidelidades que conllevan favoritismos hacia unos y negaciones hacia otros.
¿Se han preguntado alguna vez en dónde están los abrazos que no se dieron, los besos que no se entregaron? Quizá sea momento de poner orden. Si todavía están en nosotros, será el momento adecuado para entregarlos, así sea en pensamiento, y quedarnos en paz.



lunes, 2 de septiembre de 2013

ACOSO ESCOLAR


Por: Pilar Alberdi

Estamos ya ante un nuevo curso escolar y muchos niños y jóvenes, más de los que nos imaginamos vivirán situaciones de acoso escolar. Unos porque ya las arrastran de años anteriores y otros porque las sufrirán por primera vez.
Como yo no podría decirlo mejor, les remito a la página Acoso Escolar en donde verán algunas de las medidas que se pueden tomar tanto por el afectado como por su familia, por ejemplo comunicar por escrito al colegio (burofax o un medio similar) la situación, y al colegio, la elaboración de un Protocolo contra el acoso escolar. Está demostrado que cuando son los colegios, a través de la dirección y el profesorado, los que toman estas medidas y conciencian a los alumnos, se producirán menos situaciones de acoso en el colegio.
Pero ¿quiénes son estas o estos acosadores? Indudablemente, niños con carencias, que probablemente envidian en otro aquello que les falta, pequeños individuos que, probablemente, son el calco fiel de alguno o todas las personas adultas que los rodean. Sin duda han sufrido carencias afectivas, maltrato, abusos.
Esos entornos no podrán ser modificados desde el colegio o el instituto, pero desde estos centros sí se puede hacer mucho para evitar que los hechos pasen al interior del mismo o para estar atentos y controlarlos.
Uno de los mayores inconvenientes con los que se encuentran los padres cuyos hijos han sufrido acoso escolar es ver cómo quienes molestan a sus hijos no reciben castigo o no son expulsados, dándose la situación de que la mayoría de las veces es el acosado quien, humillado y desamparado, se marcha en un intento de superar la situación. Y no cabe duda, que muchas veces, se torna la mejor opción irse, si en otro colegio pueden encontrar un entorno que los respete. A veces se llega al límite de no poder continuar los estudios en otro colegio, y se estudia en casa. Muchas veces como bien saben hay consecuencias peores como el suicidio.
Desgraciadamente encontraremos acosadores en todos los ámbitos de la vida.
No dejen de mirar los enlaces que adjunto pero además lean estas noticias de periódicos. También hay un vídeo.
Acoso escolar
No son cosas de niños: es acoso escolar
No más acoso escolar
Los teléfonos de acoso escolar arden ante la llegada del nuevo curso escolar

Otras páginas en las que puedes encontrar información:
es.wikipedia.org/wiki/Acoso_escolar‎
www.acosoescolar.info
www.noalacoso.org
www.acoso-escolar.es
www.podemosayudarte.com

lunes, 27 de mayo de 2013

TÚ PUEDES SANAR TU VIDA


Muchas personas capaces de llevar adelante sus proyectos, sean del tipo que sean, conocen esta, llamada Ley de la atracción. Y varias creencias religiosas o espirituales la recogen, unas más y otras menos profundamente.Aparecen en sus escritos. El budismo es una de las que más profundamente hace hincapie en que construimos nuestra visión del mundo con nuestros pensamientos, en que debemos encauzarlos y ser conscientes de ellos, porque dirigen nuestro camino y conocimiento. Demás está decir que muchos filósofos y políticos, lo han tenido claro. No se trata de una varita mágica, sino, simplemente, de estar en disposición de recibir, mientras nosotros continuamos con nuestra vida, haciendo los esfuerzos necesarios, poniendo nuestra dedicación en aquello que más nos interesa. ¿Nos asusta? ¿Lo encontramos paradójico? ¿Poco científico? Pregunto: ¿qué científico de lejanos siglos conocía la fusión nuclear, cuál de ellos hubiera podido pensar en clonar un ser humano, en las posibilidades de la reproducción asistida, en que la humanidad intentaría viajar a otros planetas, en bajar a las profundidades del mar? Sin embargo, muchas personas de aquella época conocían el valor salvador de una frase, de un pensamiento, de un rito.
Nosotros y sólo nosotros tenemos que saber hacia dónde nos encaminamos.
Recuerdo siempre con mucho cariño a mi terapeuta de Constelaciones Familiares, Rakasa Lucero, aprendí mucho en sus cursos y terapias de grupo. Guardo con enorme respeto las horas que viví. Ella, además de ser psicóloga y terapeuta de Constelaciones Familares formada con Hellinger, conocería otras muchas terapias, suele ser lo habitual, aunque parezca siempre que uno sólo se centra en una, siendo además, Constelaciones Familiares, una de las que reúne en su seno, el conjunto de aportes de terapias más variado que podamos encontrar, pues encontramos referencias al psicoanálisis, el psicodrama, la terapia gestal, la psicología sistémica y transgeneracional y un largo etcétera.
Recuerdo que en aquellos cursos que incluían formación y terapias, hacíamos un precioso ejercicio, y me recuerdo, ahora mismo, haciéndolo frente a unos hermosos pinos en la montaña, que consistía simplemente en inspirar y expirar profundamente y a continuación en elevar los brazos al cielo diciendo "Recojo la energía del universo", a continuación como si la volcásemos sobre nuestros cuerpos, nos acercábamos con las manos hasta la tierra, ya sea agachándose o inclinándose hasta tocarla y decíamos,"y se la doy a la tierra", a continuación "La recojo de la tierra" y elevándonos y llevando los brazos a los lados, pronunciábamos, "se la doy a los demás". Lo que permite este sencillo ejercicio, es saber que somos responsables de hacernos conscientes de nuestras vidas y de los demás.Y si, además, se realiza junto a una persona o varias, mucho mejor.
Como este podría citar otros muchos pequeños actos, que nos sirven para eso, especialmente, para comprender lo grande y lo pequeño, lo infinito y lo finito y cómo todo esta relacionado. ¿Necesitamos comprenderlo sólo desde el razonamiento? Mejor si también ponemos en ello nuestros sentimientos, si no utilizamos sólo el hemisferio izquierdo de nuestro cerebro sino el derecho que puede captar la totalidad.
Para ilustrar este tema de una manera sencilla, hay muchos vídeos en Youtube, de todos ellos, he elegido este de Louise L. Hay. Leí sus libros Usted puede sanar su vida y Gratitud hace ya bastantes años, los presté inunmerables veces, los compré para regalarlos.
Creo que si este vídeo sólo vale para que cualquiera pueda valorar mejor el "pensamiento positivo", su influencia en nosotros y en los demás, ya es suficiente.Pero si, además, nos hacer recapacitar sobre el poder de nuestros sentimientos sobre nuestra vida y, especialmente, sobre nuestra salud, tanto mejor.

miércoles, 13 de marzo de 2013

sábado, 23 de febrero de 2013

LO QUE DIJO EL DALAI LAMA



"Un periodista le hizo una entrevista al Dalai Lama. Al entrar en la habitación le preguntó:
¿Qué es lo que más le sorprende de la humanidad?
A lo que él respondió:
Que se aburren de ser niños y quieren crecer rápido, para después desear ser niños otra vez.
Que desperdician la salud para hacer dinero y luego pierden el dinero para recuperar la salud.
Que ansían el futuro y olvidan el presente y así no viven ni el presente ni el futuro.
Que viven como si nunca fuesen a morir y mueren como si nunca hubieran vivido.
Quedé en silencio un rato y le dije: Pero, ¿cuáles son las lecciones de vida que debemos aprender?
Y con una sonrisa respondió:
Que no pueden hacer que nadie los ame, sino dejarse amar, que lo más valioso en la vida no es lo que tenemos, sino a quien tenemos,
que una persona rica no es quien tiene más, sino quien necesita menos y que el dinero puede comprar todo menos la felicidad.
QUE EL FÍSICO ATRAE PERO LA PERSONALIDAD ENAMORA.
Que quien NO VALORA lo que tiene, algún día se lamentará por haberlo perdido, y que quien hace mal algún día recibirá su merecido.
Si quieres ser feliz, haz feliz a alguien.
Si quieres recibir, da un poco de ti, rodéate de buenas personas y sé una de ellas.
Recuerda, a veces a quien menos esperas es quien te hará vivir buenas experiencias.
Nunca arruines tu presente por un pasado que no tiene futuro.
Una persona fuerte sabe cómo mantener en orden su vida.
Aún con lágrimas en los ojos, se las arregla para decir con una sonrisa: 'Estoy bien'."


(Nota: no puedo citar la fuente original. El texto aparece en numerososas páginas de Internet, y sé que el Dalai Lama estará encantado con su difusión).

viernes, 2 de noviembre de 2012

NEGOCIAR EN FAMILIA


Por: Pilar Alberdi

La «familia de origen» es aquella de la que provenimos. Y la «familia actual», de la que comentaré otro día lo esencial, es la que nosotros formamos.
Parece algo tan sencillo, ¿verdad?, pero cuántos problemas representa.
La primera pregunta es ¿cómo se trataban los miembros de nuestra familia de origen? ¿Se gritaba, se acariciaba, las personas se ofrecían tiempo y comprensión, se podía decir todo aquello que pasase por nuestra mente, podíamos hacer preguntas sobre temas sexuales o de cualquier otro tipo, estudiar aquello para lo que nos sintiésemos aptos, los familiares y parientes más cercanos tenían alguna influencia, qué ejemplos sociales se tomaban en cuenta, cuáles eran las creencias religiosas, políticas, alimenticias o de cualquier otro orden, los progenitores mandaban por igual, había preferencia por algún hijo por parte de ambos padres o de uno de ellos, cuándo aparecían los conflictos y con respecto a qué temas, se hablaba de los ascendientes, se había separado a alguien de la familia?
Con ese bagaje tan complicado hacemos nuestra vida hasta que llega un día en que nosotros decidimos formar la nuestra. En general nadie tiene consciencia de que entre los libros, la ropa, el televisor, algún consejo bueno o malo, en fin, las cosas y temas que llevamos a la nueva estructura familiar van estas cuestiones. Al menos, no lo sabemos en profundidad. Sabemos sí y con seguridad que no querríamos comportarnos de tal manera, o que en temas determinados actuaríamos como se hacía en nuestra familia. Eso creemos. Pero, además, lo que nosotros consideramos debe consensuarse con la pareja.
Dicen que "uno no se casa con su pareja sino con la familia de su pareja". En ese refrán hay sabiduría práctica.
Seguramente al formar nuestra familia pensamos en cómo mejorar la casa a la que vamos, en cuáles de los objetos de uno y de otro quedarían mejor, en que cada uno tenga su espacio, en los niños que vendrán a nuestra vida o que no vendrán, en los animales domésticos si los hay o si los habrá y en mil detalles más. Todo parece en orden, hay amor suficiente, hay la esperanza de hacer una vida juntos, el tiempo que eso dure. Pero, ¿es el amor lo mismo para todos? ¿Qué es el amor? ¿Cuál debe ser la pasión o la comprensión para que permanezca en el tiempo, si en eso estamos pensando?
A veces, poco después de la convivencia en común llega esa queja de que esto no es lo que me esperaba, de que en su familia las cosas se hacen de una manera y en la mía de otra... Por supuesto también hay otras cuestiones como por qué una mujer siempre elige hombres maduros o otra los elige más jóvenes y cuestiones similares en los hombres, y más, muchos más temas, imposibles de reunir en estas pocas palabras.
Pero todavía la pareja no se da cuenta, no percibe que cada uno va con lo recibido y que para construir una nueva familia hay que sumar y restar, hay que acomodar criterios y sobre todas las cosas hay que negociar constantemente.
Negociar, esta es la gran palabra que debería estar en el centro de las familias. Una pareja que forma una familia debería ser experta en resolución de conflictos. ¿Cómo se consigue? Empezando por las pequeñas cosas. Tus gustos y mis gustos, mi espacio y el tuyo, tus ocupaciones y las mías, qué va junto, qué separado, y hasta la forma de hacer el amor. Así de sencillo. Si hacemos eso bien, podremos distribuir adecuadamente el afecto hacia los niños, cada uno tendrá su sitio y todos aprenderán a negociar desde la parte de cariño y tiempo que toca igual para ellos, hasta ese juguete que todos quieren en el mismo instante. Y cuando ellos formen una familia, cuando los veamos partir, también se llevarán lo que les hemos dado.





viernes, 14 de septiembre de 2012

SALUD Y ENFERMEDAD


Por: Pilar Alberdi

«Es inútil querer curar el cuerpo sin antes haber curado el alma» Hipócrates

Wilheim Reich dedicó parte de su vida a estudiar las corazas musculares que la gente tenía. Los que callan, por ejemplo, muestran la mandíbula tensa.
Muchas personas no son tocadas ni acariciadas. Un problema muy grave en los ancianos que se quedan solos. Muchos niños no han recibido afecto suficiente y lo exigirán el resto de su vida. Algunos buscarán en sus parejas un padre o una madre...
Para numerosas personas el malestar físico o la enfermedad es una llamada atencional indirecta a los demás. Se muestran los síntomas del cuerpo, no los del alma. Si pudiéramos comprender ¡cuánto veríamos!
Somos eficientes, prácticos, cumplimos con nuestros trabajos y la prisa y las obligaciones marcan el día... A veces no hay tiempo ni para llorar, ni para hacer un duelo por un ser querido...
¿Hay alguien cerca tuyo que está enfermo? Dile que le quieres. Dale el medicamento del amor. Enseña a los enfermos a que se digan: «Necesito salud». Si tuviésemos acceso a su inconsciente, quizá su dolor se podría traducir como «quiero que mis padres no se separen», o «deseo tanto estar más acompañado» o «extraño tanto a mi compañera o compañero que ya no están» o «necesito trabajo» o «me han herido con una calumnia», «he descubierto una mentira», «siento ira o culpa» o tantos temas más.
Dice Paul Auster en una de sus obras «Si tuviéramos higados que hablaran no necesitaríamos Alcohólicos Anónimos». Podría citar más ejemplos, siempre digo que los escritores son grandes psicólogos.
También hay compensaciones que pueden llevar a la enfermedad y a la muerte. No caben dudas. No nos gusta que se mueran nuestros seres queridos, preferiríamos que fuésemos nosotros.
Si admitimos el poder de la mente para enfermar, también deberíamos admitirlo para sanar.
Y viene todo esto a cuento porque ayer releí un poema de Bertolt Brecht titulado «Las muletas». Con seguridad lo escribió durante su exilio fuera de Alemania durante los últimos tiempos de la la Segunda Guerra Mundial. Tuvo que dejar atrás su vida o su vivir... Es un poema simbólico que narra la visita de un paciente a un médico. Comienza así: «Durante siete años no pude dar un paso». El médico le preguntó por qué no podía caminar y él contesto que porque estaba tullido. Pero el médico no estaba dispuesto a escuchar esa excusa y le dijo: «Prueba a caminar. Son esos trastos los que te impiden andar». (Se refería a las muletas) «¡Anda, atrévete, arrástrate a cuatro patas!»
Luego el poeta explica: «Riendo como un monstruo/, me quitó mis hermosas muletas, las rompió en mis espaldas y, sin dejar de reír, las arrojó al fuego». Tomemos nota del adjetivo «hermosas» muletas.
Finalmente, cuando el enfermo toma conciencia, dice: «Ahora estoy curado. Ando./Me curó una carcajada. /Tan sólo a veces, cuando veo palos,/camino algo peor por unas horas».
Creo que la enfermedad siempre va acompañada de «algo que nos enferma», algo que no podemos aceptar, algo que nos duele o nos entristece... Algo a lo que no podemos o no sabemos encontrarle una solución.
Quizá todos llevamos muchas veces esa renuncia a no seguir adelante, ese no saber qué hacer, esas «hermosas muletas» de las que nos habla el poema. Pero siempre puede haber alguien que nos diga que no nos hacen falta, aunque algunos palos nos las recuerden a menudo.

lunes, 3 de septiembre de 2012

EL VERDADERO Y EL FALSO YO


Por: Pilar Alberdi

«Cuando el alumno está preparado, aparece el maestro». Proverbio chino.


Se podría decir que vivir en el «Falso Yo» no es vivir para sí sino para otros. La primera vez que vi explicado este tema de un modo sencillo para toda clase de lectores fue en un libro de autoayuda de Vernon Howard titulado Psicopictografía. Un libro anterior suyo era Secretos de la magia mental.
En el primero él habla de «el Verdadero y el Falso Yo». A este «Falso Yo», Erich Froom le había llamado «pseudo yo». Con Freud, seguramente, habríamos acabado hablando de neurosis, también de psicosis; con Jung de «la sombra». Es decir, el Falso Yo es una representación de la persona, que no es la verdadera persona.
Pero ¿qué es estar en el «Verdadero Yo»? Ser lo más auténtico posible. Pero, ¿nos enseñan a ser lo más auténticos posible? Esa es una buena pregunta. A la que ustedes pueden ir ya buscando su respuesta personal.
En el segundo caso, en cambio, la del «Falso Yo» lo habitual es una actuación, es decir, soy como quiere mi madre, mi padre, mis amigos, mi novio, mis compañeros de trabajo, mi jefa, los pensamientos sociales del momento... Y esto supone un gran esfuerzo.
Evidentemente, no ser como otros quieren, también supone un esfuerzo. Y todo depende de cuál querramos hacer. El primero, el del Falso Yo nos conducirá más tarde o más temprano por el camino de la desesperación; el del Verdadero Yo nos afirmará como seres humanos.
Un par de madres que conozco y que se han organizado la vida para cuidar sus niños pequeños en casa se quejan de que otras personas les dicen: «Pero si ya tiene cuatro meses... ¿Cuando lo vas a llevar a la guardería?». Y cuando ellas contestan que no lo van a llevar a la guardería, esas otras personas las tratan como raras. No son raras, lo que pasa que han tomada un camino, quizá eso les suponga una menor entrada de dinero en la casa, pero con menos también pueden arreglarse. Ahora bien, lleven ustedes esta situación a treinta años atrás y las raras habrían sido las que quisiesen llevar a sus niños a la guardería. Explico esto porque muchas veces no somos conscientes de hasta qué punto los modelos sociales modelan nuestras vidas. Cuando Lorca escribió Yerma no tener un hijo era una tragedia pública y quedarse soltera (La Casa de Bernarda Alba) otra peor. Y, por supuesto, un hombre no cocinaba ni cambiaba pañales. Miramos al presente y vemos cuánto han cambiado las cosas.
Dice el autor: «A la gente le asusta dejar de aparentar porque temen que detrás de ello sólo quede un vacío». Pero no queda un vacío, queda la persona verdadera.
¿Qué le pasa a la persona que vive en el «Falso Yo»? Vive en una constante contradicción, tiene que decir sí a lo que no desea, o no a lo que desea. De este modo no se puede vivir, de esta manera uno va camino de la angustia, la frustración y la depresión.
Nos recuerda el autor que uno vive en dos mundos, uno material y otro psicológico, y que es en este en dónde podemos hacer los cambios.
Si se comprende se cambia, y también se pueden usar palabras mágicas: «soy feliz», «puedo conseguirlo», «estoy en el camino correcto». Son unos ejemplos y es lo mismo que utilizan las personas que triunfan, es decir, las que consiguen las metas que se proponen.
Los ganadores de sus metas trabajan con palabras que activan su pensamiento y también lo hacen con imágenes. Un deportista se proyecta imágenes subiendo al podium y recibiendo el primer premio.
Terapeutas de diferentes corrientes de pensamiento utilizan el mismo método. Si has de tener una creencia, que sea la que te beneficie, si has de conseguir una meta recibe el estímulo adecuado.
Nosotros a menor escala tenemos que hacer lo mismo, ese deseo de éxito o de afirmación, hará que la parte consciente de nuestro cerebro que acostumbra decirnos «no lo conseguirás», «no se puede», «eso no es para ti» nos deje en paz. Por cierto: ¿te has puesto a pensar quien metió en tu cerebro esos mensajes negativos? Quizá los sigues oyendo. Sería bueno que identifiques quiénes son los portadores de esos mensajes, puede que vivan o no, pero seguro que los sigues escuchando en tu cabeza todos los días.
También esta uno en el «Falso Yo» cuando tiene una adicción. La mayoría de las adicciones devienen de la necesidad de borrar o suavizar algo de nuestra mente que ocurrió en el pasado, ser fieles y leales a los pensamientos de alguien que probablemente influyó en nuestra infancia y condicionó actitudes de las que después nos sentimos avergonzados por no haber sido valientes para rechazarlas. El embotamiento de la adicción, igual que en el caso de una depresión, consigue ocultar el odio o rabia contenida...
Pero hay un tema que señala muy bien esta obra, apoyándose en otros autores, no podemos resolver el problema que tenemos y en el que caemos una y otra vez si no elevamos nuestro pensamiento, nuestro nivel de comprensión. Y si no lo tenemos, debemos buscarlo, en libros, en personas que lo tengan, porque cuando se ve claro, cuando una explicación entra en el nivel de comprensión que una persona pueda tener en un momento dado de su vida, es cuando llega el instante de la revelación. «¡Ah, era eso!» decimos, y entonces comprendemos. Quizá por eso el autor muy sabiamente recomienda y yo lo repito aquí que evitemos «la presunción de saberlo todo».

lunes, 13 de agosto de 2012

NUESTROS MAYORES



A veces olvidamos lo que es llegar a ser mayores... Cada edad se mira a sí misma, y se comprende. El adolescente tiene sólo ojos para los adolescentes; los jóvenes para los jóvenes; pero siempre habrá miradas que sepan ver y entender a los mayores.