sábado, 26 de junio de 2010

EL TRAUMA



Texto: Pilar Alberdi

«La familia, lo mismo enferma que sana» Bert Hellinger
«fui niño prisionero entre muros cambiantes» Luis Cernuda
«La materia —y, por lo tanto, también el cuerpo, sólo pueden servir de superficie de proyección de lo que ocurre en la mente, por lo tanto, lo que sea que fuere tiene que resolverse en la mente» T.Dihlefsen y R. Dahlke

Decía Peter A Lavine en su obra Curar el trauma que éste es fisiológico. Un día por algo que nos sucedió, nos quedamos paralizados… Ni luchamos en esa ocasión, ni huimos. Pero mientras que en esas mismas condiciones un animal se recupera, a las personas no les sucede lo mismo. Persiste el bloqueo en el tiempo.
Desde entonces sentimos activarse en ciertos momentos: ese dolor en medio del pecho, ese malestar en el estómago, esa irritación en la garganta que nos hace carraspear o toser, esa dermatitis enrojeciendo en un instante la piel de nuestro cuello… Al mismo tiempo tenemos dificultad para reconocer los patrones (actitudes, gestos, palabras, situaciones, tonos de voz…) que vuelven a activarnos ese malestar, haciendo que las sensaciones de inmovilización y angustia vuelven a repetirse una y otra vez.
Como terapeuta he constatado que muchas niñas maltratadas en la niñez y la adolescencia ya sea con abuso verbal y/o físico presentan distintos tipos de malestares en sus muñecas, la mayoría de las veces, tendinitis. Como si fueran unas manos cansadas de pedir ayuda o amor y que, exhaustas por las condiciones de sus circunstancia,s se rindiesen.
El rasgo característico del trauma es que se originó en el pasado, y algo lo reactiva en el presente. Sin la conciencia de que hay que desbloquear esa paralización, el trauma volverá a repetirse en el futuro. Cuando el dolor que le dio origen aparece en la consulta, una tiene la impresión de que el cliente está aquí y no está. Habla de eso que le ocurrió ayer o la semana pasada, esa humillación, ese disgusto, ese sentimiento de inferioridad o baja autoestima pero está en el pasado, con la mirada perdida en imágenes o voces lejanas. Todavía puede oír aquellas palabras, aquellos gritos, aquellas órdenes o imposiciones injustas, el maltrato sucesivo. Inmediatamente, aparece un llanto primario con ahogo y dificultad creciente para respirar. Después del desahogo, después de una pequeña recuperación, después de saber qué origen tienen todas esas sensaciones bloqueantes, y a continuación de que el cliente haya identificado el origen del trauma, entonces si todavía la mirada sigue flotando un poco más lejos, ya se le puede pedir que sostenga la mirada con la del terapeuta. Y, siempre lo hacen con gusto, más confiados, como si de repente estuvieran a salvo. Ahora sí, la persona está otra vez en presente, pero ya tiene identificado de dónde proviene el desamparo, ya sabe dónde está la raíz.
La comprobación de que en estos casos acercarse a los clientes para ayudarles a respirar mejor, indicándoles cómo, ofrecerles un simple pañuelo de papel donde recoger las lágrimas que en su día nadie recogió, así como tocarles, acariciarles la mano que generalmente es una mano inerte que difícilmente cogerá la nuestra, no por reiterado, dejará de asombrarme.
Ese pequeño milagro, el del consuelo de la mano amiga en el momento oportuno, el del testigo que ayuda a la búsqueda del origen de un dolor desgarrador, es capaz de devolver a una persona al presente y a su humanidad. «Desde ahora ya no será así, desde ahora comprendo…» dicen por las personas y las situaciones en que fueron maltratados y humillados, y están dispuestos a aprehender, a ser más positivos y asertivos, a mejorar sus reacciones para obtener una paz interior que tantas veces les fue negada.

lunes, 14 de junio de 2010

EL LIBRO DE CUENTAS DE LAS FAMILIAS



Texto: Pilar Alberdi
Para Dolores, la abuela de E.

En sus obras Bateson hablaba de «la danza infinita de las coaliciones cambiantes» entre los miembros de las familias. A esto mismo, una atenta seguidora de este psicoanalista, Edith Goldbeter que luego citaré nuevamente, llamó la «coreografía familiar». ¿Quién está contra quién? ¿A favor de quién? ¿En qué circunstancias? ¿Por qué? ¿Se trata de los miembros de una misma generación? Es decir: los padres frente a los hijos o al revés. O ¿son miembros de ambas? Lo que se ha dado en llamar «coaliciones perversas» que hacen tanto daño en la familia. Por ejemplo una hija aliada con el padre en guerra contra la madre y un hermano. O una hija o un hijo enfrentado a uno de sus progenitores y a su nueva pareja en defensa del otro progenitor. Los modelos son varios.
Para algunos terapeutas como por ejemplo para Jean Sarkissoff autor de En busca de la sonrisa perdida el cliente que va a la consulta puede encontrarse en el proceso de la terapia con la «madre empática, curiosa y comprensiva» que le faltó en su día. Sin duda que es así, el terapeuta debe ofrecer amor individual primero y luego fortaleza para ayudar a la persona a penetrar en su dolor y sacar aquello que está enfermando su mente y su cuerpo. Edith Goldbeter, a quien antes nombré, también aporta otra idea interesante El cliente también acude a terapia a encontrarse con una persona fallecida que ya no está en su vida, y yo añadiría, o con la que no se puede comunicar, por ejemplo, a causa de un tipo de enfermedad de tipo degenerativo o senil. Ella, en su teoría, sigue a otros autores que ya habían detectado la presencia de «terceros o figuras familiares» a los que se puede definir como «ligeros o pesados» según la importancia que hayan tenido para la familia y para la resolución de los conflictos que en ella sucedían.
Y ¿por qué hay que acudir a estos difuntos o ausentes? Iván Bozormenyi Nagui lo explica a través de las «lealtades invisibles» que existen en todas las familias y de lo que ha dado en llamar el «Libro de Cuentas de las Familias». Pero ¿realmente existe este libro? Por supuesto que sí. Dice el autor: «Es como si existiera una ley que impusiera el reembolso o la reparación de cada deuda». Lo sabían los griegos que hicieron de la venganza sus mejores dramas en la vida real y en el teatro. Sabían que la culpa de la venganza también caería sobre ellos, pero el clan, necesitaba ejecutarla. Como con los siglos hemos perdido este sentido del clan o la tribu, también hemos perdido esa clase de conocimientos básicos que psicólogos como las nombrados han rescatado del olvido. Pero ¿qué se escribe en ese libro? En ese libro está escrita la vida de la familia, quien hizo qué por quien, quien dejó de hacer, a quién se excluyó, porque se guardó un secreto familiar, se ocultó un incesto, una infidelidad, una enfermedad vergonzosa, una herencia mal repartida, etc. Estamos hablando del alma de la familia, de aquello que subyace encubierto bajo la superficie.
¿Hay guardianes del libro? Sin duda. El otro día un cliente me hablaba del papel de su abuela en su familia. Había sido la gran unidora, la cuidadora del legado. Cuando sucedía algún imprevisto, los demás acudían a ella. ¿Es que tiene que haber en las familias grandes deudas y grandes reparaciones que hacer para que aparezcan estos delegados? Al parecer sí.
Se preguntaba con razón esta persona por qué una vez desaparecida su abuela, nadie ocupó su lugar. «Desde entonces —concluyó diciendo— la familia está más dispersa, cada uno como si estuviera en una isla. A veces nos juntamos —añadió—, pero sigue imperando en nosotros el concepto de islas».
Le pregunté cómo era su abuela. Me dijo: «fuerte y bondadosa», lo que yo traduje en palabras del lama Surna Das como «La serenidad es el coraje en reposo».

sábado, 5 de junio de 2010

AUTOBIOGRAFÍA IMAGINARIA



Texto y foto: Pilar Alberdi

«Un alma se mide por la dimensión de su deseo, del mismo modo que se juzga de antemano a una catedral por la altura de sus torres». Gustave Flaubert

¿Qué queríamos ser? ¿Lo hemos conseguido? Quizá en la juventud ya sea por temas familiares o laborales no logramos encauzar nuestro camino con el fin de conseguir sentirnos plenos como personas.
¿Hay algo en nuestra mano que podamos modificar? ¿Sí? Pues si la respuesta es sí, siempre es buen momento para intentarlo. ¿Por dónde podríamos comenzar?
En una de sus obras la escritora norteamericana Flannery O’Connor, dice. «Para nosotros sólo existe intentarlo». No recuerdo ahora en su relato la razón concreta a la que iba dirigida esta frase, pero claro que lo más importante es intentarlo. Porque fracasar es lo contrario. Detenerse. Dar por perdido algo.
¿Queremos cambiar de trabajo? ¿Estudiar? Hay opciones nuevas para reanudar estudios, incluso por Internet. Y a la edad en que fallecían nuestros abuelos, nosotros aún somos jóvenes. ¿Por qué no aprovechar esta circunstancia? Además, vemos que en tiempos de crisis cuando falta el trabajo las personas vuelven a retomar los estudios. Entonces, acaso sea un buen momento.
El problema de las «autobiografías imaginarias» es de dos tipos: nos pueden pesar como una losa si no conseguimos lo que un día quisimos, pero por otra parte siguen vigentes, son un buen motor, siempre puesto en marcha, para que lo consigamos. Y desear algo e ir a por ello, mantiene el espíritu joven y hace a las personas fuertes.
Mirémonos en el espejo de nuestros sueños… ¿Quiénes queríamos ser? ¿Lo somos? Hagamos algo más: miremos en el espejo de los que tenemos cerca... ¿Son quienes querían llegar a ser? ¿Qué enseñanza sacamos en claro? ¿De qué modo podríamos ayudar a los demás y a nosotros mismos?
Decía Nietzche en su libro Humano, demasiado humano: «Si fuésemos un buen campo de labor, no dejaríamos perecer nada sin utilizarlo y veríamos en todo, en los acontecimientos y en los hombres, estiércol útil, lluvia y sol». ¿Lo vemos? Incluso lo que nos parece peor puede servir para conseguir lo mejor. El camino más alejado puede acercarnos al camino correcto.
A veces es bueno mirar la vida a medio y largo plazo. De ese modo se pueden tomar decisiones y establecer metas. Mejor que mirar a mañana, si queremos cambiar algo, sería conveniente hacerlo mirando a semanas o meses. Nos dará perspectiva y cierta seguridad a la hora de establecer un recorrido y de intentar conseguir objetivos. A fin de cuentas, la persona que va a vivir más tiempo con nosotros, somos nosotros mismos. Lo ideal es ser sinceros.