martes, 27 de octubre de 2009

NEGADOS, OLVIDADOS, DESAPARECIDOS

«Lo que se hace a los niños, los niños lo harán a la sociedad» Karl Manbeim


Resulta extraño observar cómo muchos niños y jóvenes no saben nada de sus abuelos o de algunos de sus abuelos o de otros familiares, por ejemplo, aquella tía o aquel tío. Quizá una tuvo amantes o varios matrimonios, el otro murió en un manicomio, quizá otra o otro tuvo ideas políticas o religiosas desaprobadas por la familia. En general, estos niños y adolescentes, no muestran asombro por no saber nada de esas personas. Es natural. Es lo que viven.

Muchas veces, los niños tampoco saben nada de alguno de sus padres porque viven con el otro, y ésta o éste se han encargado de poner un velo de ignorancia y de prejuicios sobre el otro conyüge o la familia de éste, hasta llegar el punto, de que los hijos no quieran saber nada de él. Actualmente a este hecho se le ha dado en psicopatología el nombre de Síndrome de Alieneación Parental. Aunque los términos son claros, lo explicaré sencillamente: un progenitor alinea a su hija/o en contra del otro, lo que causará al afectado numerosos problemas, como la falta de poder identificarse con esa madre o padre ausente, y de verse envuelto desde los primeros años de su vida, en una sola visión o perspectiva de los hechos, por tanto, se los hace parte de una disputa, impidiéndoles salir de ese círculo, lo que les hace más difícil la visión de sus propios objetivos, como serían los del estudio, la elección de una profesión, etc. Muchas veces por la propia inestabilidad familiar estos hijos se ven obligados a abandonar sus sueños y deben ponerse a trabajar desde muy jóvenes para poder sobrevivir.

Los padres, lamentablemente, olvidan al separarse que su pareja no es sólo su pareja, un ser ajeno a ellos mismos, sino también los padres de sus hijos. Cuando ya ha habido un matrimonio, entiéndase o léase también como «pareja consolidada y con hijos», no se puede empezar, otra vez, la vida desde cero. No se puede hacer borrón y cuenta nueva. Además, este «primer vínculo», aunque fracasado, es fundamental. Y de cómo se resuelva esta separación, dependerán las demás uniones si es que las hay.

En numerosas ocasiones, este primer vínculo ni siquiera está dado dentro del matrimonio, ya existía a través de un primer amor, o incluso de una relación de incesto, con lo que cualquier pareja que se haga a posteriori estará condicionada por esa primera relación que sigue latente y que se vio, frustrada. Haya hijos o no durante la misma. Esto se ve claramente cuando se hacen constelaciones familiares. Vemos a uno de los conyüges marchándose, no estando a gusto en la familia que ha constituido, queriendo ir hacia un antiguo novio, un amante, un hermano, un padre, un hijo no nacido, es decir un aborto. A veces estas razones pueden ser de otra índole, claro está, como el deseo de marchar detrás de una persona que ha fallecido. Ésto también puede pasar. Especialmente cuando son familiares directos como padres, hermanos, hijos.

En Constelaciones Familiares se toma en cuenta el deseo de los hijos de querer a sus padres. Es algo natural. ¿Qué puede haber más grande que los padres para un hijo? Es decir ¿qué puede haber más importante que ese amor del que se nace? El vínculo de la sangre, es superior al del amor. Bert Hellinger lo explica poniendo el ejemplo de una violación de la que ha nacido un hijo. La mujer y el hijo quedan para siempre atadas al violador que ha impuesto por la fuerza la paternidad. Es un hecho y una realidad innegable. Del mismo modo que en ese caso, o en otros más complejos como los de los asesinos o verdugos con sus víctimas, este vínculo de la sangre, sigue proyectando su sombra sobre los hijos en cualquier pareja que se ha formado aunque luego se rompa.

Pero volvamos al tema que nos ocupa. De esa necesidad de ajustarse a las opiniones del padre con quien se vive, se produce una disarmonía, el hijo puede llegar a la confusión y el desasociego. «Eres igual que tu padre» Esa frase, para un extraño, no dirá mucho salvo por el tono del mensaje, pero cuántas cosas conlleva para quien la oye a diario como una recriminación destinada a su conyüge. «Te portas como tu madre» lo mismo. Quizás lo primero quiso decir «no llegarás a ninguna parte, serás un fracasado»; quizás los segundo era equivalente a «pero cómo, no has fregado los platos y ya te quieres marchar con tus amigas...»

De repente en el contexto familiar donde la niña o el niño conviven diariamente con uno de sus padres desaparecen las fotos del otro, incluso las de la familia del otro, o se quedan en un album, en un armario con llave y en un estante muy alto, difícil de alcanzar por un niño. Por increíble que parezca la intención de hacer desaparecer al otro es así, con la contradicción suplementaria de que esta niña o niño tendrá que ir con el otro progenitor ciertos días al mes cumpliendo las visitas que le tocan por régimen de derecho y que ha ordenado el juez. El doble mensaje llegará en este momento. Hay que cumplir con lo que dice el juez, además se necesita el dinero de la manutención. Entonces no se dudará en decir al niño que se porte bien en la casa del otro conyüge. Para colmo, a veces, si se dejan fotos a la vista, son las del hijo con los nuevos hijos de la pareja que se marchó. Puede haber más tipos de fotos contradictorias como éstas. ¿Qué hacen los niños en estos casos? Nada. ¿Qué podrían hacer? Pueden verse en una foto con su abuela paterna, pero no con su padre. ¿Qué pueden hacer? No son los protagonistas del drama, han sido tomados como personajes secundarios, y por lo general hay un actor o actriz que se ha atribuido el papel de directora o director de la obra. Se ha dado el mejor papel a sí mismo y se ha erigido en el o la representante de la «verdad oficial»de la pequeña familia... Pero eso, no evita el sufrimiento. Los hijos pueden entonces tomar un graffiti y salir a emborronar la ciudad en su afan de decir: soy ésta o éste, estoy aquí. Pueden rebelarse de otras maneras: fracasando en los estudios, haciendo novillos, agrediendo a otros adolescentes, fumando, bebiendo, retrasando la llegada a casa por la noche, etc. Incluso puede haber confusión con respecto a la identidad sexual, etc. También pueden en una especie de autodefensa negarse a pensar por sí mismos.

Cuando el hijo es varón y la madre niega al padre diciendo que fue bebedor, vago, etc., es probable que el hijo se vuelva aquello que dicen del padre o incluso que realmente fue. Se convertirá en su fantasma... De algún modo, asume la parte que de él tiene. Y sin lograr liberarse de la trampa, se mantiene el resto de su vida negando a ese padre y viviendo con la madre, a veces, de manera totalmente dependiente. Por ejemplo, necesita del dinero de la madre para sus vicios. De algún madre para la madre, la realidad del hijo, corrobora todo loque ella decía de su marido. Con suerte y un mejor conocimiento de la situación, el caso se puede resolver con un distanciamiento de la madre, lo que permitirá dar al padre el lugar que le corresponde, aunque también puede darse un distanciamiento de éste con el fin de no sufrir más daño por parte alguna. Si se trata de una hija, aparte de que el tema también pueda focalizarse en algún tipo de adicción, incluso de sumisión a la madre y negación del padre, también se puede resolver con una independencia que ponga a cada cual en su sitio. Lógicamente, hay más variantes, pero las estructuras familiares de fondo, siempre acaban pareciéndose.

Estas son las pequeñas dictaduras. De estas se habla poco mientras hablamos de las grandes dictaduras que someten a personas y países. Pero sin dictaduras como éstas vividas por los personajes de la Historia (llámense Hitler, Stalin y otros) en sus propias familias, en su propio entorno, y por favor, no se olvide ésto, sin las humillaciones que estos niños sufrieron, sin las palizas recibidas, sin el odio a los adultos que los rodeaban, no habrían sido quienes fueron ni actuado como actuaron. Además no estaban solos. Otros muchos cientos de miles de personas habían sido niños educados en la rígida disciplina de la época y en el odio o la diferencia con el otro.

Se podrá decir con razón, que otras niñas y niños en situaciones similares en su pasado no se convirtieron en monstruos. Sí, lógicamente. No siempre la Historia pone en el poder esos tristes ejemplos... Y muchos niños maltratados encontraron en su camino personas en las que confiar y se salvaron. Pero podemos encontrar otros monstruos más pequeños a diario, conviven con nosotros, se sientan en el asiento de al lado mientras vamos en el autobus, o se dedican a hacerle mobbing a un compañero de trabajo...

Boris Cyrulnik, el autor de «Los patitos feos», decía en su libro «El murmullo de los fantasmas» que hay en la sociedad actual un maltrato hacia los niños que no se ve, porque «aunque no reciban palizas ni son violados ni abandonados» están cada vez más desantedidos afectivamente. Sus palabras me invitan a recapacitar.


miércoles, 21 de octubre de 2009

CADA DÍA ES UNA PEQUEÑA VIDA. Horacio


AUTOESTIMA

No te critican las piedras,
ni un volcán,
ni la lluvia.
Ni te critica el mar azul,
ni los frutos de los árboles.
No te critican las nubes...
Ni los girasoles.
¿Y te vas a preocupar por lo que
puedan decir dos o tres personas?
Recuerda: no te critican los ríos,
ni las estrellas del cielo,
ni la violeta que da su aroma
entre el polvo del camino.
Si una cosa ha de preocuparte
es tu propia opinión:
saber quién eres,
a dónde vas...
No te critican los grillos,
ni las montañas nevadas,
ni el aire que respiramos.
Recuerda:
no te critica la vida.

viernes, 9 de octubre de 2009

¿POR QUÉ ENFERMAMOS?

Sí. ¿Por qué efermamos? En Constelaciones Familiares de Bert Hellinguer se dicen algunas de las razones: compensaciones del tipo «yo antes que tú» y «yo después que tú». Pero hay más que podrían estar determinadas por «mandatos», ya sea a través de actitudes o palabras que, recibidas por niños desde su más tierna edad, incluso antes de su nacimiento, por ejemplo, deseos de aborto por parte de la madre, pueden inclinar a la enfermedad y la muerte, o a otros actos de expiación o compensación. Voy a poner un ejemplo. El otro día estando en un supermercado escuchaba hablar a dos mujeres. Una de ellas, se quejaba del trabajo que le daban los hijos. Llevaba un pequeño de unos dos años en un cochecito y debía tener otro hijo que estaba en la guardería. Porque también hablaba de él. No decía que los niños fuesen malos... sino que eran «molestos, agotadores, caprichosos, maleducados», y un largo etcétera de otras quejas, invalidantes para quien pudiese oírlas. Repetía que con el agotamiento que le producían los niños, más su propia ocupación laboral, más el marido y la casa... Y volvía a repetirlo.
La pregunta es sencilla: ¿cuántas veces al día escuchan esos niños ese mensaje? ¿Cuántas a la semana, al mes, al año? ¿Cuántas veces lo escucharán el resto de sus vidas...? Esta mujer no está a gusto en su familia, esta mujer quizás no debió formar esa familia ni tener esos hijos. Les está haciendo un daño irreparable y se está poniendo ella misma como una «víctima» de los hijos, su trabajo sea el que sea, su marido, las tareas del hogar. Pero esto quizás no es nuevo para ella, probablemente ella recibió de su familia el mismo patrón. Es decir, en esa familia los hijos también debían molestar a una madre. Y acaso en la generación anterior. ¿Cómo se sienten los hijos? Culpables de la infelicidad de la madre. Intentarán compensarla haciendo el mismo tipo de vida y teniendo el mismo tipo de sentimientos que ella. Si alguno escapa a este destino será porque en algún momento alcance a comprender la situación, o sin comprenderla se aleje y conviva con otro tipo de modelos familiares que lo aparten del propio. Este caso no es único, es parte de la generalidad, o como decía Tolstoi: «todas las familias infelices se parecen; sólo las felices son distintas» y es algo que vemos claramente en terapia. Los modelos de estructuras se repiten, pasan de una generación a otra. Pero quizás, la que acabamos de describir no sea una familia donde sus miembros enfermen, quizás se queden en esa dinámica por un tiempo, aunque también puede llegar otro tiempo en que alguno de los miembros enferme o sea excluido.
Pero ¿por qué enfermamos? ¿Es la enfermedad una renuncia? Pero ¿a qué? A defendernos de lo que sea que no podamos afrontar. Los niños que no quieren ver separarse a sus padres, se enferman. Y con esa enfermedad que puede incluso llevarlos a la muerte, mantienen unidos por un tiempo a los padres.
Releyendo el libro «La enfermedad como camino» de Thorwald Dihlefsen y Rüdiger Dahlke, leía: «Todo el dolor que el ser humano experimenta en la enfermedad en un principio, estaba destinado a otro». Es decir, le correspondía a otro o a otros... Es terrible, desde luego, pero al parecer es la defensa inconsciente que utilizamos para sobrevivir a algo que el doctor Ángel Escudero, con quien hice un curso hace tiempo y al que estoy muy agradecida, en principio y sobre todo, por creer en el enorme poder de la mente para buscar el propio bienestar del cuerpo, ha llamado «vacío de amor» tras lo cual se produce un desequilibrio psíquico y físico. Si uno se defiende y lucha y se pone en primer lugar en la situación o la historia familiar que este ocurriendo, sale adelante. Pero si su autoestima se encuentra demasiado baja, puede llegar a ser el final para esa persona en la que se podrá observar, además, cierta conformidad, incluso una sonrisa de aceptación y, a veces, hasta ironía. Lo que resulta aún más terrible. O acaso, sea su último mensaje.